Si estás a punto de ir a una entrevista y tienes dudas de ti mismo, de expresarte con claridad, de caer bien a la persona que tienes al frente y no sabes cómo, pues déjame decirte que tienes un gran problema entre manos.
Y te preguntarás ¿Acaso es tan grave?
Tal vez si estás apenas saliendo del cascarón y tus necesidades no son muchas, si necesitas para llevar a tu novia al cine el fin de semana o de comprarte ese bikini que está de moda y que tanto te gusta, pues te diré que tienes tiempo para aprender y soportar uno que otro fracaso. Pero si, en cambio, eres un joven, señorita que estás bordeando los 25, que ya tienes la presión de casa, es decir, de cumplir con algo de dinero que alivie un poco las necesidades más importantes entonces ya deberías preocuparte.
A estás alturas te darás cuenta que esa persona que tienes sentada al frente a esa que miras con mucho entusiasmo, preocupación, recelo o simple indiferencia en esos cinco minutos que te tiene frente suyo, es dios. ¿Por qué?
Antes de llegar a la entrevista haces planes, fantaseas, sueñas despierto mientras recibes la noticia que tienes una entrevista de trabajo, que con ese trabajo pagarás la cuenta de la casa, pagarás tus deudas, seguirás estudiando y sabe dios que más tienes que hacer y pones todas tus esperanzas en esa oportunidad. Pero lo que no piensas ni por un segundo es que la persona que tienes al frente en ese momento, es dios. De esa persona depende que hagas todo lo que piensas hacer.
Lamentablemente algunas veces la persona que te entrevistó es una prejuiciosa de primera y esto lo digo por experiencia personal, una de las preguntas que más odio es la siguiente:
¿Con quienes vives?
Parece una pregunta inocente, hasta yo muchas veces la respondía sin mayores problemas ya que lo consideraba irrelevante. Pero una vez me tope con una señorita a la cual no pondré mayores calificativos, pero sí diré, que es la peor profesional de selección de personal con la que he tratado. Al hacerme la pregunta de con quienes vivo, pues le dije que vivía solo y de pronto sin ningún tipo de discreción en su rostro, noté un cambio de actitud, como si a las 9.30 a.m. se le hubiera caído el café en la blusa blanca, como si su jefe le hubiera gritado en vez de saludarla. En fin, cuando le di mi respuesta de lo más inocente, sincera y natural, al ver la expresión en su rostro me di por descalificado, velado, muerto y sepultado. Lo que vino después de eso no hizo más que corroborar lo que pensé con el primer síntoma de malestar y prejuicios que tenía aquella mujer. Me empezó a preguntar cosas personales, como qué tal te llevas con tus padres, ¿por qué cree usted que hubo una ruptura familiar? Y cosas de esas. Con cada pregunta yo me hacía otra ¿Debo seguir sentado escuchándola y tratando de responder cosas que no le importan? ¿Debo seguir ahí, si ya sé que no lo voy a conseguir? Al final le respondí todo, pero al final no le dije nada es decir cada una de sus preguntas fuera de lugar fueron respondidas con otra frase que sonaba a torero, es decir OLE.
Con esto comprobé que si quieres conseguir un trabajo, debes de tener mucho tino. Decir la verdad a estas personas no es del todo recomendable sería como si uno mismo se tome veneno. Ojo que no siempre es así, no estoy diciendo que seas un mentiroso a diestra y siniestra, pero si lo que te digo es que hay ocasiones como esa donde maquillar las cosas es mejor si quieres conseguir algo.
Sin duda esta es una combinación muy costosa, y no me refiero a lo económico. Para lograr crecer con este ritmo de vida se requiere de perseverancia, mucha paciencia, fuerza y deseos de lograr los objetivos trazados.